sábado, 23 de julio de 2011

Si tú me dices ven, lo dejo todo... pero dime ven, Albert Espinosa

Hello everybody!
Hoy os traigo otra reseña más :) Al igual que el anterior libro que reseñé (
100 puertas), este me ha decepcionado. Supongo que mis expectativas eran muy altas al haberme gustado tanto el otro libro que leí del autor...


Título: Si tú me dices ven, lo dejo todo... pero dime ven
Autor: Albert Espinosa
Editorial: Random House Mondadori
ISBN: 9788425346071
Precio: 15'90€
Género: Realista, introspección
Sinopsis:
Para Dani, la vida de repente deja de tener sentido. Tiene cuarenta años, amaba a “ella”, su pareja, y con ella planeaba tener un niño. Se llamaría Izan, las paredes de su habitación estarían llenas de estrellas, y su llegada sería señal de eterna felicidad. Pero “ella” hace las maletas y se va. Al mismo tiempo, Dani recibe una llamada a la que se aferra como si ahora eso fuera lo único que puede hacer en esta vida.
Dani es un buscador de niños perdidos, y esta vez debe viajar a Capri para cumplir su misión. Justamente Capri, el escenario de su descubrimiento, el lugar donde, gracias a dos personas extraordinarias, tuvo lugar su verdadera iniciación en esta vida, que ahora se pierde en un incierto recorrido. Junto con Dani, el lector se reencuentra con dos personas que no olvidará. Un anciano que le descubrió el significado de las cosas, un viajero que le transmitió un saber excepcional. Ambos salvaron su vida, la de un chico que había perdido a sus padres, librado a su albedrío.
Un viaje hacia una sensibilidad nueva, distinta; ese modo único de ver y leer la vida de Albert Espinosa: amor, vida, muerte y enfermedad. Soledad y amistad –también la maravillosa amistad que puede establecerse entre quien está a punto de dejar esta vida y quien acaba de llegar a ella–, y esa obligación de ser felices que, una vez más, este dotado escritor nos transmite con su talento inusual.


En el momento en que ella abandona el hogar, Dani recibe una llamada de trabajo a la que se aferra como si no le quedara nada más en la vida. Se dedica a buscar niños perdidos, aunque tiene un código que nunca rompe, y si el niño no los cumple, rechaza el encargo.

Sin embargo, su abandono le hace cambiar de idea: el niño perdido rompe por completo ese código, pero Dani siente que debe buscarlo. Casualmente, la familia del niño reside en Capri y él ha de trasladarse allí, a esa isla que tantos recuerdos, buenos y malos, le trae.

Durante el viaje, Dani reflexiona. Piensa en su familia, en sus padres, que eran enanos, y en su hermano mayor, que se comportaba fatal con él. Su madre siempre había tenido fe en que él, Dani, diera el estirón y dejara de ser enano, como el resto.

También piensa en su ruptura. Este tema aún le duele demasiado, pero Dani no puede huir de él: sin saberlo, deberá enfrentarse a él cuando llegue a Capri.
Y, por supuesto, también piensa en los maravillosos recuerdos que le trae esa isla y en las increíbles personas que conoció siendo un chiquillo: George y el señor Martín.


Como he dicho antes, esta novela no me ha convencido. Me parece que hay demasiados flashbacks y poco desarrollo de la acción actual; es decir, el viaje de Dani a Capri para buscar al niño desaparecido. Se sabe más sobre su pasado que sobre su búsqueda.

Vale, podríamos decir que es un viaje introspectivo, y hasta ahí está bien, pero me parece que el autor abusa. Abusa de esos viajes introspectivos, abusa de cortar escenas a la mitad para terminar de narrarlas más adelante, y abusa, sobre todo, de los puntos suspensivos.

De verdad, me he agobiado. Puntos suspensivos everywhere. Todas las frases las terminaba con puntos suspensivos, incluso cuando no era necesario porque la propia frase se cerraba. Se ve que al autor le han gustado y ha decidido ponerlos siempre que podía, pero a mí, desde luego, me ha agobiado, y me parece que más de una vez, sobraban.

Volviendo a la historia, la trama principal de la novela queda sepultado por el pasado del protagonista, sabemos muy poco sobre ello y, para colmo, se resuelve de una manera demasiado rápida, en un plis plas. En cambio, en el pasado nos demoramos, referimos cada ínfimo detalle, cada palabra pronunciada, cada pensamiento hilado. Ocupamos más capítulos que con el presente de Dani y su búsqueda del niño desaparecido.

Claro que es un buen pasado, todo hay que decirlo. O sea, el relato de ese pasado y las enseñanzas que se pueden sacar de él es lo bueno (porque el pasado de Dani en sí... no es muy bueno que digamos). Cuando era un niño, corto de estatura, conoció a dos personas que contribuyeron a hacerlo crecer como persona.

Una de ellas es el señor Martín, un anciano de 90 años que ha de someterse a una operación a vida o muerte y al que nadie espera si se pone bien... pero sí si fallece. Dani es por entonces muy pequeño, pero recuerda la sabiduría y las lecciones que el anciano quiso enseñarle antes de su operación.

La otra persona es George, un hombre que viaja rumbo a Capri y con el que comparte buenos momentos. George le da también varios consejos y lecciones, y es él quien le habla de las perlas, de esas perlas que busca cada año para que le enriquezcan como persona, mencionando que, a veces, encuentra incluso diamantes.

Dani se aplica las enseñanzas de ambos, pero, en especial, lo cautiva la de las perlas. Es un hombre un tanto callado y a veces huraño, pero es romántico y cumple con su deber. Su infancia no fue fácil y por eso, considera al señor Martín y a George dos de las perlas de su vida. En su momento le enriquecieron, y a causa de su investigación actual, salen a la luz recuerdos sobre ellos.

Sin embargo, como ya he dicho, me da la sensación de que el autor abusa de esos momentos, se pasa demasiado tiempo recordando en lugar de explicarnos la investigación de Dani con más detalle, SPOILER(no me creo que encuentren al niño tan pronto)FIN SPOILER. Eso sin contar con tanto punto suspensivo, que en serio llegó a agobiarme.

Claro que los detalles que no me han gustado de esta novela no harán que no intente leer el libro que me queda de Albert Espinosa, El mundo amarillo. De momento he leído dos de él, y uno me gustó y otro no demasiado. Así que a ver qué pasa con el que me queda.